My Story

viernes, noviembre 12, 2004

La Casa de Bernarda Alba: Monólogo Pepe "El Romano"

Ahorita publico el tan famoso monólogo de Pepe el Romano. Hoy me tocó interpretarlo y podríamos decir que salió bien. Antes que nada, tengo que a gradecer a mi amiga Cyntia Zurita, porque ella era mi compañera de grupo para este trabajo y su creatividad y humor super sarcástico influyeron mucho en el personaje. Aquí va... Enjoy!

Estoy seguro que ustedes han oído hablar de mí. Soy Pepe, pero en el pueblo me conocen como “Pepe el Romano”. Tengo 25 años, aunque aparento menos, y no hace falta decir que no hay nadie más guapo que yo en este pueblo

Siempre me gustó Adela. Recuerdo que el primer día que la vi, ya estaba decidido a conquistarla, y no fue difícil. Pero nunca me animé a tener algo más serio con ella, porque no me gusta el compromiso. Si hubiese tenido dinero, lo hubiera considerado, pero yo sabía que en realidad ella era pobre. ¡Y eso no!, yo nunca me casaría con una mujer pobre. Pero eso no significaba que no pudiese, digámoslo así, hacerle compañía a una chica muy solitaria, además de guapa. (Se ríe)

Después me fijé en Angustias. En realidad, ella no es tan fea, y hasta podría ser buena esposa… ¡No, a quién trato de engañar! Angustias es la mujer más repugnante que he conocido en mi vida. Nunca imaginé que una persona en este mundo pudiese ser tan fea, pero bueno, ella tiene tanto dinero, que hace un poco más aceptable su fealdad. Además, Bernarda, la vieja de mierda que creo yo, debería estar ya muerta, podría seguramente estar encantada de poderse deshacer de su hija mayor.

Entonces tenía la oportunidad de casarme con Angustias, sin tener que dejar de ver a Adela. Es que, realmente, todo iba perfecto: formalmente, era el prometido de Angustias, pero después de aguantar las visitas obligadas como “prometido”, podía ir a ver a Adela como cualquier hombre libre, porque a ella en realidad no le importaba que yo fuera novio de su hermana.

La verdad es que me daba asco Angustias, las horas con ella me parecían eternas, y el sólo hecho de pensar que en algún momento ella y yo tendríamos algún tipo de intimidad... ni siquiera me gustaba pensar en ello. De hecho, cuando estaba con Angustias, allí parado frente a la ventana de su cuarto, sólo pensaba en que ese era el precio que tenía que pagar por el dinero de ella... Y claro, para ello, conté con la ayuda de Adela, que siempre me consolaba después de cada encuentro con Angustias. Eso me ayudó un poco, pero sobretodo fue mi gran voluntad lo que hizo que yo aguantara tanto tiempo a Angustias sin volverme loco o salir corriendo.

Realmente, no sé cómo no se dieron cuenta esas dos, ¡si hasta viven en la misma casa, y son hermanas!

Pero bueno, son mujeres, así que no tienen la “obligación” de ser inteligentes, ni mucho menos. Los hombres somos los que pensamos por la pareja.

(Pensativo) Saben, yo creo que las mujeres no deberían pensar mucho, ¿no? Digo, deberían conformarse con casarse, que ya es bastante. No requieren más que de un hombre que las mantenga y una casa con hijos para cuidar. Eso es lo que toda mujer necesita, y mientras tengan eso, los hombres no les debemos nada más. ¿Qué les importa que tengamos otras mujeres, entonces? Los hombres necesitamos ciertas distracciones, y las esposas con el tiempo se vuelven monótonas y aburridas.

Entonces, si me casaba con Angustias, hubiéramos tenido una casa y quién sabe, quizá hijos, y con el dinero de Angustias, le hubiera comprado a Adela una casita donde vivir y la hubiera podido visitar cuando quisiera. ¿Gran proyecto, no? (Se ríe) Y lo mejor de todo, ¡yo no pongo un centavo! (se ríe)

Mi plan era perfecto, y eso es indiscutible. Lo que pasó es que yo no contaba con esa hermana rara de Angustias y Adela… esa tal Martirio. Yo siempre vi algo extraño en esa mujer, como si yo le gustara… claro que eso no sería nada raro, si soy tan guapo… (serio) Pero esa Martirio tenía algo que iba más allá de raro, algo que incluso causaba cierto temor. Aunque sólo la vi un par de veces, cuando ella me miraba, sentía como cuando las mujeres del pueblo me ven pasar por la calle, de esa forma babosa que me dice que soy el hombre más guapo que han visto en su vida. Sólo que yo no esperaba encontrar esa clase de mirada en Martirio.

A veces, cuando visitaba a Adela, tenía la impresión de que esa mujer nos espiaba, pero nunca la logré sorprender. En todo caso, para mí nunca representó una amenaza para mis planes, y ese fue mi gran error. Supongo que, como toda mujer, ella también era curiosa, pero nunca me imaginé que ella sería la causante de mi desgracia. Pues sí, parece que esa estúpida, no sé como, se enteró de que yo tenía algo con Adela. Ella tampoco se dio cuenta de la gran amenaza que representaba su hermana, aunque Martirio intentó chantajear a Adela hasta cuando le fue posible, amenazando con contar todo lo que sabía a su madre si no me abandonaba.

Luego, esa noche, Adela entró a la casa después de nuestro encuentro y parece que las mujeres se pusieron a discutir. Después de un rato, escuché como Martirio invocaba a Bernarda, entonces imaginé que esa mujer seguramente iría con el chisme a su madre y vendrían por mí, así que me alisté para poder enfrentar a Bernarda. Pero no esperaba que viniese armada, eso era un poco injusto para mí, no? Digo, mujer y todo, ella tenía un arma, y las mujeres no saben disparar. Yo no me dejo disparar por nadie, menos por una vieja histérica, así que me fui.

(Serio) Oigan, ya sé lo que están pensando... yo no soy ningún cobarde. Pónganse en mi lugar. ¿Qué hago yo contra una persona armada? Aunque esa persona era una mujer, tenía una escopeta. Como no servía de nada ser hombre, ni guapo, ni valiente, decidí irme y dejar que se resuelva todo entre mujeres. Después de todo, ese no era mi problema, allá que se arreglen ellas. Yo estaba seguro de que todo se arreglaría, si hasta había planificado otra visita a Adela.

Yo no contaba con que Adela fuera tan tonta como para creerle a la loca de Martirio esa mentira ridícula de que “yo me había muerto”... ¡Yo, Pepe el Romano, asesinado por una mujer! Eso no pasará nunca (ríe).

La necia de Adela, al pensar que yo había muerto, se puso sentimental y se ahorcó. ¡Qué ridículo! Bueno, es comprensible, siempre he dicho que las mujeres se mueren por mí, así que ésta ya se murió; yo diría que valió la pena. Cualquiera daría la vida por tenerme a mí.

La verdad es que sí me da pena que Adela se haya muerto, era una excelente compañía. Además, creo que esa familia rara que tenía no era muy comprensiva. Seguro no le dieron el apoyo moral necesario, porque, Adela en vida, se aferró a mí como si yo fuera su única oportunidad de felicidad. Aunque en realidad sí lo era. Pero bueno, la hice feliz hasta el último día, y la vida sigue ¿no? Así que he decidido seguir haciendo felices a otras mujeres como Adela... Y si además me consigo otra “Angustias” que financie mis sueños, eso sería bueno...