My Story

lunes, febrero 07, 2005

Donde el Sol y el Mar se encuentran...

Como imaginarán al leer el título de este post, estuve en la playa... como una gran parte de Guayaquil que se volcó a los balnearios para disfrutar del feriado de carnaval. Por varios motivos, mi estadía en Playas, por invitación de un amigo, se limitó solo al fin de seman, aunque los afortunados que siguieron con el "tour", fueron a Salinas y se quedarán hasta el miércoles...
En fin, en este post voy a relatar un poco de lo que fue mi fin de semana playero.

El sábado comenzó el viaje desde la casa de mi amigo Oswaldo, el anfitrión, donde después de jugar por un largo tiempo Game Cube, almorzar, luego chater en internet con gente desconocida sobre cosas estúpidas mientras nos hacíamos pasar por otras pesonas, finalmente nos embarcamos con toda la tripulación y partimos hacia Playas. No éramos muchos: los padres de mi amigo, mi amigo, el primo de mi amigo, un amigo de mi amigo y naturalmente, yo. Los bastantes kilómetros que recorrimos fueron bastante calmados; ningún buitr... digo, vigilante nos detuvo para inspeccionarnos, no tuvimos problemas mecánicos ni nada similar. Estuvimos conversando básicamente sobre mujeres, principalmente sobre aquella que estuvo en varios titulares a lo largo del año pasado por distintas razones... y cuando ya nos aburrimos, todos tomamos una pequeña siesta (claro que los padres no estuvieron incluidos en las actividades hace un instante mencionadas, y mucho menos la parte de la siesta).

Llegamos bien tarde a la casa de Playas de Oswaldo, y después de repartir las habitaciones y dejar las cosas en su sitio, decidimos dar una vuelta por la playa en busca de "pan", el término en clave que habíamos tomado después de que nos detuvimos en una pandadería y que se refiere básicamente a tipas atractivas (ya pues somos unos muchachos jaja). Como tanto a mí como a un amigo se nos habían olvidado mis zapatillas/sandalias en Guayaquil, no nos quedó otra alternativa que ir con los zapatos deportivos hasta la playa (cruzar una calle + alrededor de 300 metros de caminata) y luego sacarnos los zapatos ahí.

A lo lejos, podíamos observar la puesta del Sol; un increíble paisaje, que fácilmente sería otro "momento Kodak"; un par de cortísimos minutos para los románticos o para cualquier persona simplemente una vista espectacular... una vista que ni siquiera un imbécil superdesarrollado de escasa materia cerebral con problemas sociales tirándoseme encima y torciendo incómodamente mi pulgar mientras trato de salvar mi único par de zapatos de las olas me arruinaría (no me refiero a Oswaldo, el es buen dato y sí, estoy de acuerdo, tengo amigos extraños). Es en momentos como este en que uno piensa: "Algunas personas siguen vivas solo por que es ilegal eliminarlos"... y bueno, también porque a veces no son tan malos.

Después de caminar una larga distancia prácticamete en vano porque no había "pan", regresamos a casa para arreglarnos e ir a la misa del domingo que la habían adelantado al sábado. Al llegar, nuestro comité de bienvenida estaba listo: cerca de decena y media de niños de distintas edades cercando el carro, todos pidiendo ser designados como "el cuidador del carro"; hicimos nuestra salida tan rápido como la de las celebridades, pero justamente a uno de los que ibamos en el carro se le ocurrió decirle a uno de los niñitos que "cualquiera cuide el auto" lo cual automáticamente designaba al muchacho "cuidador oficial". Al salir de la misa, fue lo mismo que la entrada, solo que ahora a mi desafortunado amigo le tocó un muchacho que iba detrás de él diciendo "usted me dijo que le cuidara el auto"... Mientras él buscaba la manera de deshacerce de su cuidador, los padres de Oswaldo estaban animádamente conversando con algunos de sus familiares/amigos.

Después de la merienda, decidimos tener un pequeño partido de hockey en la mini cancha de volley en la casa de mi amigo. Todo estaba en orden, hasta que, adivinen quién, decidió hacer un super tiro, y de muy pajer... digo, impreciso y torpe que puede llegar a ser, me propició un buen palazo de hockey en mi dedo pulgar. Los resultados fueron instantáneos: tenía "la" bola de hinchazón, estaba verde y, como imagino que normalmente ocurre cuando uno recibe un palazo de hockey en el pulgar, tenía un poco de sangre debajo de la piel. Afortunadamente, ningun hueso se rompió y me alivié bastante con algo de agua bien fría y hielo. Esa misma noche me dí cuenta del nivel que puede alcanzar la así denominada (disculpen el término, pero así es) diarrea verbal en algunas personas; no entiendo como lo hacen, pero pueden pasar horas y horas hablando estupideces (o en otras palabras, excremento, de ahí proviene lo de diarrea). En fin, no tengo muchas ganas de profundizar en ese tema, así que voy a seguir con mi relato.

Entonces, después de una relajada noche de sueños extraños y música nocturna, me levanté al siguiente día, desperté al "primo Adrián" (así lo conocemos al primo de Oswaldo) y encontramos a los otros muchachos nada más ni nada menos que viciados en el Game Cube. Por mi parte, no me parece realmente divertido levantarme para jugar Game Cube, así que con el primo Adrián abrimos la primera funda de globitos, los llenamos y practicamos un poco de puntería con los inocentes transeúntes y los no tan inocentes pasajeros de las camionetas, quienes iban incluso mejor armados que nosotros. Cuando llegaron los vecinos de Oswaldo, ellos comenzaron a atacarnos, así que era nuestro derecho contra atacar jajaja. No fue difícil subirnos sobre una pequeña baranda que había y así poder bombardear a nuestras vecinas con una puntería digna de algun premio o algo por el estilo. Para este momento, mis amigos que estaban viciados en el Game Cube ya habían salido de su trance y decidieron unirse a la globo-batalla.

Una vez que los padres de Oswaldo regresaron de hacer las compras para el almuerzo, fuimos a la playa con las body boards y así disfrutar un poco del clima perfecto que teníamos. Como antes dije, tanto a mí como al primo Adrián se nos habían quedado nuestro "calzado playero" (jajaja) y como nos íbamos a meter al mar, decidimos ir descalzos hasta la playa, lo cual no fue tan buena idea despues de todo. El asfalto estaba bien caliente, y la arena ni hablar; era como tener nuestros pies sobre una sartén inmensa y tratar de cruzarla. Afortunadamente contábamos con las tablas, sobre las cuales pausábamos cada cierto tiempo para que se enfriaran nuestros pies, y por supuesto, con uno que otro niño carnavalero que trataba de mojarnos y siempre acertaban a nuestros pies. Después de un quemante recorrido hasta la playa, nos divertimos bastante; hicimos lo que pudimos con las tablas, enterramos a un amigo (aunque nunca pudimos terminar por las olas), entre otras cosas. Desgraciadamente, ese día tampoco había "pan".

Para regresar fue el mismo sufrimiento, solo que esta vez una amable mujer nos sugirió usar las tablas como "camino" (colocando una adelante de la otra y así sucesivametne) , lo cual fue una magnífica idea y nos ahorró mucho sufrimiento, y además contamos con un cordial conductor que nos ahorró varias decenas de metros de martirio con la ayuda de su camioneta. Para cuando llegamos, me enteré que mis padres ya habían llegado, y después de un muy buen almuerzo (admiro a la madre de Oswaldo por sus habilidades para freir pescado y por su inmensa cortesía y amabilidad al recibirnos) regresamos a Guayaquil.

El viaje de vuelta no lo voy a relatar porque pasé la mayor parte del mismo dormido, excepto cuando compramos "coco helado", porque todos teníamos una sed tremenda. Al llegar a Guayaquil, desembarcamos mis cosas y luego fuimos a ver National Treasure, o "La leyenda del tesoro perdido"; la crítica la voy a escribir en mi siguiente post. ¡No se lo pierdan! Solo aquí, en "My Story" ^_^