My Story

sábado, enero 27, 2007

Wisdom...

"Sometimes fear stops us from pursuing our dreams.

We are just afraid they will vanish as soon as we reach them, but that is the biggest mistake we've made, for dreams will forever live inside us once we've seized them"

The Poet

domingo, enero 21, 2007

La Graduéishion

Bueno pues como seguramente ya saben (aunque sea por los comments en el post anterior), el viernes fue la graduéshion y ahora soy oficialmente Bachiller de la República del Ecuador ^_^

Para no entrar en muchos detalles, pues diré que todo salió bastante bien... incluso el discurso, que cuando Dael me lo pase pues lo colgaré para que todos se iluminen con las palabras de sabiduría (ya diceee). En fin, fotos no tengo de la ceremonia en si, porque así pasa a veces, pero si quieren ver algunas otras pues por messenger las muestro :D (es que el internet el día de hoy está medio turro para subir imágenes.)

Y gracias a todos por las felicitaciones y la chupifiesta en la caja (:D :D :D)

^_^

lunes, enero 15, 2007

Meme... o cadena... o como sea (Arrgh! rossy!!! ¬¬)

6 cosas que me gustaría hacer antes de morir:
*Lanzarme de un avión (con paracaídas)
*Ganar uno o más premios Nobel
*Tener un perro. Un pastor alemán. Bien entrenado
*Ganar alguno de esos concursos de diez minutos en una tienda o algo por el estilo
*Conseguirme las acciones de Microsoft, Google y Apple y así tener una macrocorporación muahahahaha.
*Vacaciones Espaciales

6 cosas que hago mejor:
*Meterme en problemas
*Matar aliens, droides, mutantes, etc. con espadas lásers o armas muy grandes.
*Reirme
*Dar ideas malvadas para que la gente se meta en problemas también
*Encontrar algo para no aburrirme
*Escuchar y dar consejos

6 cosas que no sé hacer (aún):
*Programación en Java, o Actionscript
*Bailar (tamos en las mismas Neo)
*Conquistar una chica de manera voluntaria
*Saltar mientras trato de pararme de manos
*Hackear
*Convencer a la gente para que me dé dinero. Gratis.

6 cosas que me encantan:
*La lluvia
*El Mar
*Los videojuegos
*Una buena compu (con un buen juego y una buena tarjeta de video, un sistema de audio surround... aaaah!)
*Que la gente que me importa esté feliz
*Una buena parrillada (el Ñato gana todavía!)
*Un buen libro.

6 cosas que detesto:
*Los prejuicios
*La mala música (el reggaetón va por ahí muy a menudo)
*Que la gente viva en una burbuja
*Los bugs en los juegos y cuando se cuelga la compu
*Las personas que son incompetentes y no hacen nada por mejorarlo
*La gente que apesta... literalmente

6 cosas que no saben de mí (uuuy aquí se pone peligroso):
*Medio le hago al piano todavía.
*Me quedo despierto porque me pongo a "premeditar" muchas cosas, involuntariamente.
*Me acobardo a veces cuando llega la situación premeditada y pre-planeada y termino haciendo/diciendo alguna estupidez.
*Necesito dormir más y mejor.
*Aún no me inscribo en Aneta.
*Puedo ser muy muy muy malvado y cruel cuando aflora mi lado oscuro, pero se me pasa pronto (por suerte de todos).

Siguientes víctimas: Xena, Trix (Aunque creo que lo va a ver tarde), Lindasam y Ana, porque no tengo más víctimas. Enjoy! :D

miércoles, enero 10, 2007

Capítulo 2

Lo piensas cada vez que estás triste o confundida: eres una persona que corresponde a otro tiempo y espacio.
Estos dos conceptos nunca fueron demasiado claros para ti, pero crees que serías más feliz viviendo en otra época y en otro lugar: tal vez como alguna poeta del siglo XVIII a orillas del Rin, alguna princesa azteca durante el florecimiento de Tenochtitlán, o alguna doncella medieval de aquellas que se escabullían en armaduras para salir a buscar dragones.
A veces crees que eres una adolescente que envejeció demasiado pronto y en otros momentos desearías ser un poco mayor para ver si así entiendes este mundo.

Te bajas del bus con tu cabeza tratando de asimilar la supuesta muerte del personaje que estuvo ahí toda la serie, bueno, estaba.
Cruzas la calle, entras por la puerta de la derecha, marcas tu llegada, subes al tercer piso, pasillo izquierdo, segunda puerta desde el recibidor, caminas recto hasta llegar al ventanal y a la derecha está tu escritorio. Es una rutina perfectamente programada que se repite todos los días a la misma hora con una exactitud que envidiarían incluso los alemanes.

Sobre el escritorio, la computadora, el monitor de 14" -que no te han cambiado por una pantalla LCD porque creyeron que no necesitas una-, y los artículos y bocetos sin terminar, se encontraban en una simetría casi perfecta, tal como los dejaste el día anterior. Desde que decidiste deshacerte de algunos artículos innecesarios, tu espacio se había vuelto mucho más limpio y aburrido; fue así como aquél sacapuntas de mesa con forma de sapo terminó en el fondo del cajón de "misceláneos", la foto de tu familia regresó al anaquel de vidrio en casa y el pisapapeles con forma de flor pisa ahora el fondo de la papelera. El único objeto que impide la perfección del escritorio y no encaja en este nuevo orden, es esa réplica del castillo de Camelot –Moldeada en resina acrílica y con detalles pintados a mano. ¡Hace a la vez de porta plumas, y la Excalibur se convierte en un práctico abre-sobres!-, te lo regalaron hace dos navidades y siempre a ocupado su puesto especial, no recuerdas porqué, arriba del teclado, pero sabes que es cuestión de días para que le toque acompañar a los pingüinitos de plástico, a esa piedra con forma extraña que encontraste en un paseo familiar y al "sapo pela lápices" en el solitario cajón.

La pequeña nota amarilla pegada en todo el centro del monitor recién se hace ver cuando te preparas a revisar las comunicaciones internas y los fowards en tu buzón de correo. Mientras se va abriendo el programa para los emails, despegas el papel del vidrio sin mucho cuidado y lees en letra manuscrita: "J/718, felicidad, cajón arriba derecha”. En ese momento no entiendes el propósito real de ese pequeño papel, pero al final del día, cuando llegues a casa a leer periódicos viejos y terminar el texto del semanal, verás que significaba mucho más para ti que para cualquier otra persona.
El mensaje no lo dejó ninguno de tus colegas; reconocerías la letra de aspecto tembloroso con la que fue escrita. Además siempre has sido la primera en llegar a la oficina, la primera en estar ahí cuando aún no hay nadie.
Jugueteas con el papel en tu mano derecha mientras observas fijamente el cajón de “arriba a la derecha”. Tienes serías dudas sobre lo que encontrarás adentro, pero no escuchas ningún tic-tic-tic-tic, no se está moviendo para nada y si fuera radioactivo, tu monitor ya estaría con colores distorsionados –haber leído novelas policiales parece dar un conocimiento especial en estos casos- así que parece que es seguro abrirlo. De todos modos, procuras mantener tu cara un poco lejos del escritorio por si llegase a explotar, y lentamente jalas la manija de metal hacia fuera.

Es exactamente como cuando toca abrir los regalos de Navidad: quieres saber con gran ansiedad lo que esconde el paquete, pero al mismo tiempo temes que lo que esté adentro llegue caducado, que le falte alguna pieza, que esté roto, que el color no te guste, que no sea de tu talla, que no tengas con qué combinarlo, que ya lo tengan todos, que se lo tengas que regalar a otra persona. Es así como te sientes cuando acercas tu cabeza a ver lo que había dentro del cajón, una vez que no reventó botando serpentinas o caramelos. Lo que encuentras adentro no es nada fantástico en comparación a aquella vez que encontraste ese abrelatas justo donde debía estar, o en lo absoluto milagroso, como cuando tu perro se comió alguna foto tuya y luego la recuperaste sin que ninguno de los dos sufriera daño alguno; de hecho, es algo tan ordinario y común, que cuando sacas ese bloc de apuntes, esa pluma plateada y otra nota que decía “Suerte. Disfrútalo” lo consideras “intrigante”.

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martes, enero 09, 2007

Tiene uvas?

Unas imágenes dibujadas en Messenger (Uvas y Clavo por Rossy ^_^)


No, ¡pero tengo Clavos!

domingo, enero 07, 2007

Algo de narración experimental. Capítulo 1

Los números dispuestos en círculo brillaban cual ojos de gato endiablado de noche. Como si el pequeño 10 en ese reloj en la cómoda estuviese minado, un monótono y agudo pitido estalla al pasar el delgado minutero encima del número.

Te levantas aún algo confundida y miras incrédula ese aparato que sigue chillando de una manera enervante y enérgica hasta que le das un manotazo al grande y único botón que tiene. Aún sabiendo que irremediablemente serían las 7:10 cuando sonara el despertador, tratas de ver la hora. Te cuesta algo de trabajo leer ese reloj de pacotilla -Ahora viene con luz nocturna, números que brillan en la oscuridad y despertador programable con función de repetición y lo mejor: ¡está disponible a un cómodo precio de sólo $0.99! ¡Cómprelo ahora y reciba un set de pilas doble A adicionales!-; a una de las manecillas se le había salido un tercio del recubrimiento fosforescente y medio dormida podrías leer cinco minutos menos o cinco minutos más. Además, nunca te gustaron los relojes mecánicos. Debiste comprar un reloj digital. Lo cambiarás hoy cuando veas uno que te guste.

Resignada a que es otro día nuevo, te sientas en la cama y tratas de dormir un poco más sin acostarte. Las horas con el celular y los mensajes escritos enviados pesaban ahora en tus párpados como piedras. Incluso si hubieras dejado lejos el aparatito y los sms, no hubieras podido dormir; desde hace días (o noches) tenías un insomnio que nunca antes te había dado. Cuando te recuestas de noche, inevitablemente llegan esos finales alternativos, esos "lo que hubiera pasado si", esas frases que pudieras haber dicho para que eso hubiera ocurrido; esa otra vida magnífica que hubieras podido tener. Tienes que esperar varios minutos hasta que esa estampida de pensamientos termine de aplastar la imagen positiva en tu mente que tan difícilmente haces para engañarte y hacerte creer que tu vida en realidad no es tan mala, para poder elaborarla de nuevo y poder ponerte de pie al siguiente día y comenzar todo otra vez. A veces, demoras horas en dormirte, y algunas noches incluso no duermes.

El despertador comienza a pitar nuevamente. La primera vez que descubriste lo que era la "función de repetición" del reloj era un domingo a la hora de la siesta; habías olvidado desactivarlo y maldijiste al reloj, a los que lo fabricaron y al viejo de la tienda que te lo vendió.
Te levantas definitivamente y te diriges al baño. Piensas que el espejo es otro de esos artificios macabros, creados para la vanidad de algunos o para destruir el autoestima de otros. Nuevamente, tu imagen positiva se ve amenazada; notas enseguida que tu pelo está desordenado y enredado, que las ojeras te dan un aspecto de zombi, que tu nariz está muy pequeña o muy chiquita, que talvez estés muy alta para aquél tipo que conociste ese día o muy baja entre tus amigas, que te estás haciendo gorda debajo de los brazos pero estás muy flaca en otras partes, que esa ropa que compraste ya no te va a quedar. En ese instante no te acuerdas de aquél que se enamoró de tus ojos que brillan cuando sonríes y de tu soltura y sencillez al hablar y de tu valentía o ingenuidad de decir las cosas tal como son, porque recién estás logrando olvidarlo desde que se fue a trabajar a un lugar donde nunca podrías seguirlo.
Te arreglas sin demasiado esmero, te vistes para el trabajo, desayunas sola.

Mientras vas a la parada de bus, piensas en lo que te toca hacer en el trabajo hoy: escribir un informe, alistar un artículo para el semanal, sacar respaldos de los archivos… después de elaborar esta lista mental, te preguntas una vez más cuál es el propósito de tu trabajo. El crédito de tus horas de trabajo se lo llevaba ese que se hace llamar superior, que tiene el doble de tiempo para almorzar, que trabaja menos horas que los demás, que maneja hasta la oficina y te atormenta cuando le exigen eficiencia a él. Nuevamente te convences, que eso fue por lo que habías estudiado, que esa es tu vocación, que peleaste contra tus padres y medio mundo más para llegar donde estás y sacas uno de tus libros para evitar que tu mente divague mucho hasta llegar al trabajo.

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