My Story

domingo, enero 07, 2007

Algo de narración experimental. Capítulo 1

Los números dispuestos en círculo brillaban cual ojos de gato endiablado de noche. Como si el pequeño 10 en ese reloj en la cómoda estuviese minado, un monótono y agudo pitido estalla al pasar el delgado minutero encima del número.

Te levantas aún algo confundida y miras incrédula ese aparato que sigue chillando de una manera enervante y enérgica hasta que le das un manotazo al grande y único botón que tiene. Aún sabiendo que irremediablemente serían las 7:10 cuando sonara el despertador, tratas de ver la hora. Te cuesta algo de trabajo leer ese reloj de pacotilla -Ahora viene con luz nocturna, números que brillan en la oscuridad y despertador programable con función de repetición y lo mejor: ¡está disponible a un cómodo precio de sólo $0.99! ¡Cómprelo ahora y reciba un set de pilas doble A adicionales!-; a una de las manecillas se le había salido un tercio del recubrimiento fosforescente y medio dormida podrías leer cinco minutos menos o cinco minutos más. Además, nunca te gustaron los relojes mecánicos. Debiste comprar un reloj digital. Lo cambiarás hoy cuando veas uno que te guste.

Resignada a que es otro día nuevo, te sientas en la cama y tratas de dormir un poco más sin acostarte. Las horas con el celular y los mensajes escritos enviados pesaban ahora en tus párpados como piedras. Incluso si hubieras dejado lejos el aparatito y los sms, no hubieras podido dormir; desde hace días (o noches) tenías un insomnio que nunca antes te había dado. Cuando te recuestas de noche, inevitablemente llegan esos finales alternativos, esos "lo que hubiera pasado si", esas frases que pudieras haber dicho para que eso hubiera ocurrido; esa otra vida magnífica que hubieras podido tener. Tienes que esperar varios minutos hasta que esa estampida de pensamientos termine de aplastar la imagen positiva en tu mente que tan difícilmente haces para engañarte y hacerte creer que tu vida en realidad no es tan mala, para poder elaborarla de nuevo y poder ponerte de pie al siguiente día y comenzar todo otra vez. A veces, demoras horas en dormirte, y algunas noches incluso no duermes.

El despertador comienza a pitar nuevamente. La primera vez que descubriste lo que era la "función de repetición" del reloj era un domingo a la hora de la siesta; habías olvidado desactivarlo y maldijiste al reloj, a los que lo fabricaron y al viejo de la tienda que te lo vendió.
Te levantas definitivamente y te diriges al baño. Piensas que el espejo es otro de esos artificios macabros, creados para la vanidad de algunos o para destruir el autoestima de otros. Nuevamente, tu imagen positiva se ve amenazada; notas enseguida que tu pelo está desordenado y enredado, que las ojeras te dan un aspecto de zombi, que tu nariz está muy pequeña o muy chiquita, que talvez estés muy alta para aquél tipo que conociste ese día o muy baja entre tus amigas, que te estás haciendo gorda debajo de los brazos pero estás muy flaca en otras partes, que esa ropa que compraste ya no te va a quedar. En ese instante no te acuerdas de aquél que se enamoró de tus ojos que brillan cuando sonríes y de tu soltura y sencillez al hablar y de tu valentía o ingenuidad de decir las cosas tal como son, porque recién estás logrando olvidarlo desde que se fue a trabajar a un lugar donde nunca podrías seguirlo.
Te arreglas sin demasiado esmero, te vistes para el trabajo, desayunas sola.

Mientras vas a la parada de bus, piensas en lo que te toca hacer en el trabajo hoy: escribir un informe, alistar un artículo para el semanal, sacar respaldos de los archivos… después de elaborar esta lista mental, te preguntas una vez más cuál es el propósito de tu trabajo. El crédito de tus horas de trabajo se lo llevaba ese que se hace llamar superior, que tiene el doble de tiempo para almorzar, que trabaja menos horas que los demás, que maneja hasta la oficina y te atormenta cuando le exigen eficiencia a él. Nuevamente te convences, que eso fue por lo que habías estudiado, que esa es tu vocación, que peleaste contra tus padres y medio mundo más para llegar donde estás y sacas uno de tus libros para evitar que tu mente divague mucho hasta llegar al trabajo.

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